lunes, 9 de mayo de 2011

S.m.i.l.e



La palabra esperanza había desaparecido de su vocabulario junta a la de ilusión, ya no sonreía con brillo en sus ojos, ni con alegría en su alma. La viva llama de paz que antes existía en su interior, se había extinguido, no le quedaba nada más que el vivir por vivir.
No sentía alegría al caminar, ni al bailar, ni al amar; sus sentimientos se habían marchitado para siempre, o eso creía ella antes de comprender la verdad, antes de sentir como la vida corría por sus venas, antes de conocerle a él.
No era un él de amor, ni de pasión, ni mucho menos de deseo. 
Estaba en lo alto de una montaña con la mirada perdida, tenía enfrente de si el retrato de una fría ciudad que hacía tiempo había muerto para ella, observaba, sin intención de ver, las pequeñas siluetas de las personas. Suspiró. Suspiró sin comprender el significado de este, suspiró por inercia, suspiró por la estampida de  sentimientos y emociones que corrían por su interior como caballos salvajes.
La piel se le erizó, sintió la brisa en su rostro. Su largo vestido blanco ondeaba al ritmo del mundo. Se levantó torpemente, por culpa de los copas de más que se había tomado en un bar ya muy lejano en sus recuerdos. Miró hacia los lados, sin prisa, sabía que no vería nada, sabía que no había nadie, sabía que en aquel bosque estaba sola, sólo ella y el mundo, ella y su alma, ella y su vida. Miró de nuevo a la ciudad, su ciudad, su hogar. Cerró los ojos y recordó, pensó en las sonrisas de todos sus amigos, de sus seres queridos, de sus enemigos.
Deseó que el mal no existiera, deseó que las personas no sufrieran, lo deseó de verdad, lo deseó con su alma, con su cuerpo, con su piel, con todo su ser. Pero aun así sabía perfectamente que al abrir los ojos seguirían existiendo almas en pena.
Giró lentamente, aun sin abrir los ojos, sintió como le temblaban las piernas, sintió la inestabilidad de su ser, estaba borracha y era consciente de ello.
Levantó la cabeza y abrió los ojos, miró las estrellas, sus fieles compañeras, siempre habían estado ahí para ella, siempre acompañándola en su camino, arriba, indiferentes a todo, pero para ella. Sabía que quizá la luz que ahora observaba era de una estrella que hacía millos de años había muerto y eso le desconsolaba. ¿Realmente comprendemos lo que nos rodea?
Sonrió. Comprendió que nunca más volvería a estar triste, supo que aun sin ilusión se puede ser feliz, supo que lo era, lo sintió en sus labios, lo saboreó en su boca. Comprendió quien era él, comprendió que no era un él de persona, ni de nada material. Sintió la luz en su alma, en sus ojos, en su sonrisa, supo que lo que deseaba era vivir, disfrutar, sonreír.
Salió corriendo sintiendo la vida, su alma se había recuperado de todos los golpes que había recibido, de todo lo vivido, de todo el sufrimiento de su niñez. Ya era una mujer, una mujer con esperanza e ilusión, una mujer dispuesta a vivir.

De Azucena Rendón Ángel, para Nerea Heredia de Heras.

viernes, 18 de febrero de 2011

Que si lo miras, tus relaciones fracasadas son siempre mayoría, y algo que está tan presente en tu vida no puede ser tan malo si te ha llevado hasta donde estás. Que si me apuras, alguien que te ha acompañado un trozo de camino ni siquiera debería poder considerarse fracaso. Que si lo intentas, admitir e incluso estar orgulloso de tus fracasos puede ser el principio de gestación de todos tus próximos triunfos.
Risto Mejide - El pensamiento negativo.

domingo, 6 de febrero de 2011

I miss you friend...

Necesito los pequeños detalles, son el reflejo de cada uno de nosotros. Es lo que echo de menos constantemente. Por eso no se puede reemplazar a nadie, porque todos estamos hechos de pequeños y preciosos detalles.

miércoles, 26 de enero de 2011

Memorias de Idhún

-Christian- susurró- ¿Puedo llamarte Christian?
-¿Llamas Christian a mi parte humana?- preguntó él, sonriendo.
Victoria frunció el ceño, pensativa.
-Tal vez... no sé. Te llamo Kirtash cuando te odio. Te llamo Christian cuando te quiero. Es difícil definirse por uno u otro sentimiento, tratándose de ti.
La sonrisa de Christian se hizo más amplia
-Es confuso- prosigió ella-. Tienes razón. Si fueras un humano completo no sentiría lo que siento por ti. Pero... tal vez tampoco te odiaría a veces. Me horroriza la forma que tienes de matar, como si la vida humana no fuera importante.
-No lo es. Al menos, no para un shek
-A eso me refiero. No sé a qué atenerme contigo. Y tampoco ayuda mucho el hecho de que estés obsesionado con matar a mi mejor amigo.
-Es mucho más que tu mejor amigo, Victoria.
-¿Eso te molesta?
-En absoluto. No estoy celoso, si es eso lo que piensas. No veo por qué tienes que amar a una sola persona, si en tu corazón hay espacio para dos. No me perteneces. Tan solo me pertenece lo que sientes por mí. Pero tú puedes sentir otras cosas... por otras personas. Los sentimientos son libres y no siguen normas de ninguna clase.

miércoles, 5 de enero de 2011

Hacia rutas salvajes - Jon Krakauer


El último recuerdo triste todavía me acecha y a veces me envuelve como si fuera una neblina, aislándome de la luz del sol y enfriando el entusiasmo de los momentos más felices. He sentido alegrías tan grades que no puedo describirlas con palabras y penas en las que ni siquiera me atrevo a pensar. Y cuando pienso en todo ello, me digo: escala si quieres, pero recuerda que el coraje y la fuerza no son nada sin la prudencia, y que un descuido momentáneo puede destruir la felicidad de toda una vida. No hagas nada con precipitación; vigila cada paso que des, y, desde el principio,  piensa en cuál puede ser el final.

Edward Whymper - Acrambles Amongst the Alps